De una finca boricua a tu plato

¡Plátano es

De una finca boricua a tu plato

¡Plátano es

De una finca boricua a tu plato

Labor de amor

Labor de amor

Foto: Ana Enid López Rodríguez

Llegué a la Finca Guzmán en pantalones cortos, sin sombrero, sin botas y sin idea… “Vamos a caminar por aquí”, me invitó de inmediato la agricultora Nitziliany Guzmán Lafuente, quien cosecha plátanos en 23 cuerdas de terreno en Maunabo, Puerto Rico. Mi ignorancia se hizo evidente tan pronto puse un pie en el terreno mojado, con los caminos a desnivel y entre matojos con puntas filosas. El sol ya quemaba la piel y a apenas eran las 10:00 de la mañana.

Vídeo cortesía de Finca Guzmán

Nitzi, en cambio, estaba bien preparada con su “uniforme” para el recorrido por la finca, en la que trabaja desde 2017 y en la que su papá, Mervill Guzmán, agricultor por más de 40 años, sembró en ella el amor por la tierra. Un cigarrón negro nos dio la bienvenida al espacio verde. Según la sabiduría del campo, el insecto es augurio de que se recibirá una visita inesperada. También vinieron a saludar unas maripositas blancas que no sé si tengan también algún simbolismo; yo escojo que me traerán buena suerte. Continuamos la larga caminata.

Plata de plátano recién nacida

El terreno está dividido en “calles”, algunas con las semillas recién sembradas, las de plantas jóvenes y las de la cosecha.  La pámpana colgante -que parece un capullo de color morado- es la señal de que pronto comenzarán a salir los anhelados plátanos. Entre las matas recién paridas, haciendo a un lado las frondosas hojas de plátano que se usan para arropar los pasteles, Nitzy nos explica que todavía los frutos “están flacos”, pues les falta entre tres semanas a un mes para que estén listos “y lleguen al mofongo”. Y que una vez se corte el racimo, la mata ya no sirve. Así que son 10 meses de larga espera, en la que la siembra se encomienda a Dios para que no haya sequía, lluvia en exceso o huracanes, que impidan que el fruto llegue a su término.

Plátanos en crecimiento. Estarán listos para cortar en aproximádamente un mes.

Ya Nitzy ha vivido todas esas complicaciones y, a fuerza de trabajo, las ha superado. Mejor aún, no se quita. Ella, sin duda, es una agricultora a prueba de huracanes y pandemias. No es la única.

Aunque la agricultura local ha sufrido un descenso significativo del 2012 al 2018 (-37.5%) según los datos más recientes del censo federal para la isla, también en los últimos años se ha logrado una buena cosecha de agricultores emergentes que han apostando a la tierra. Irónicamente, este “movimiento” se vio impulsado durante la pandemia, cuando se hizo más evidente la necesidad de lograr la autosuficiencia alimentaria. En palabras más simples de Nitzy, la agricultura hay que defenderla “porque tenemos que seguir comiendo”.

Por mi parte, pagué la novatada. Salí de la Finca Guzmán con las tenis enfangá’s, el pelo suda’o y las piernas guayá’s. Pero también con el corazón infla’o de orgullo. Porque ser agricultor en esta isla tropical, más que un negocio, definitivamente es una labor de amor.


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